Discurso inaugural de la Fundación

Muchas gracias por acompañarnos.

El próximo 15 de marzo se cumplen 20 años de la desaparición física de Wilson.

De aquel combatiente, gladiador de la política, de la democracia, abanderado de la libertad, señor incorruptible en su dimensión ética. Patriota que siempre extendió su mano a la patria.

El nombre “Fundación para la Democracia Wilson Ferreira Aldunate” no pretende solo homenajear su figura. Nos pone frente al futuro, siendo la elección de su nombre un reconocimiento a la visión de un individuo que siempre pensaba en el País, con claridad de objetivos y valores. Con una inusitada capacidad para entender el mundo y el Uruguay, sus dinámicas, sus tendencias y procesos. Adelantándose a ellas. Que supo buscar y apoyarse en el saber técnico para la debida formación de decisiones y propuestas.

Grande para las cosas grandes. Para la mayor empresa, para el mejor objetivo: construir el destino nacional.

Su nombre por tanto nos compromete, nos responsabiliza, nos cuestiona, nos interroga y nos determina al inclaudicable y pertinaz esfuerzo de superar nuestro tiempo e impulsarnos al futuro.

Siempre hemos pensado que la acción política no debe reducirse a una mera estrategia electoral, simplemente de coyuntura.
Es necesario incorporar ideas, credibilidad y confianza en el trabajo de los políticos. Ingredientes fundamentales para generar respuestas, soluciones tendientes a resolver los problemas de la gente. Problemas que no se visten de un color partidario, y no pueden quedar olvidados por reyertas y enfrentamientos políticos, por estrategias de confrontación que esconden los problemas reales y graves que tiene la sociedad.

En los escritos del Nobel de Economía Amartya Sen y del ex Presidente Aylwin, se expresa en relación a las necesidades de la gente lo siguiente:

La conducta pública debe estar presidida por valores éticos. “Esa dimensión ética tiene tres componentes: “la demanda de transparencia (que debe ser la moralidad de LOS políticos); la de equidad y justicia (que debe ser la moralidad de LAS políticas) y finalmente la demanda de futuro, de sentido y de inclusión (la moralidad de LA política)”.

El objetivo común debe ser lograr una sociedad democrática, solidaria, con dignidad, que asegure a sus integrantes el ejercicio pleno de sus derechos fundamentales.

Para eso debemos sustraernos al escapismo de buscar en los demás el origen de nuestras debilidades, de acudir a la justificación de que el otro tiene la culpa y la responsabilidad.

Los uruguayos tenemos mucho que decir, nuestro Partido también, como en 171 años de vida. Esto es lo que justifica la creación de ésta “Fundación”. Es la asunción de nuestra responsabilidad con un aporte al proyecto de país y a la sociedad uruguaya.

Esta no es una convocatoria más, ni debe interpretarse como un acto simbólico o justificativo de una mera plataforma electoral de coyuntura. La motivan razones profundas, vinculadas con el porvenir nacional. Para que sea un instrumento permanente. Para construir, para hacer, para proyectar, para soñar.

En éste, nuestro tiempo, el País tiene que ser un punto de referencia en su capacidad de propuesta, elevándose por sobre las discrepancias y las rencillas domésticas. Cuando nos oponemos nos oponemos, cuando discrepamos lo hacemos con firmeza porque solamente hay un modelo democrático cuando el gobierno tiene una oposición que discute, que confronta, no en la descalificación sino en la contraposición de ideas y propuestas diferentes. Un gobierno aprende más de la crítica que de la lisonja, de la oposición más que de la complacencia interna.

Por eso nuestro destino, el del Uruguay, depende de impulsar un modelo nacional fruto de la efervescencia intelectual, que no surja de una inspiración elitista, en soledad, ni de planteos simplistas, inmediatistas, voluntaristas, sino que sea fruto de una elaboración conjunta, de la asunción de riesgos, sin prejuicios, de ideas renovadoras que apunten al futuro compartido.

Ésta debe ser la idea principal de la fundación. Un proyecto sustentable de País, no una utopía inalcanzable ni tampoco una expresión de resignación ante las dificultades que se presentan. La tarea que tiene nuestra generación en este tiempo es transformar y modernizar el País, ubicarlo dentro de los países que no desperdician las oportunidades y se incorporan al proceso de globalización, a la sociedad del conocimiento, de una manera responsable, basado en un modelo económico de desarrollo integral.

Por tanto la convocatoria a este evento no ha sido caprichosa ni antojadiza. Fue a todos los partidos, al gobierno, a empresarios, al PIT CNT, al poder legislativo, a especialistas independientes, a formadores de opinión, a todos, porque no tenemos pretensiones de monopolio en la razón ni en las soluciones.

La construcción nacional es tarea de todos. Ninguno por sí solo es responsable de la determinación histórica del Uruguay. Por eso estimados compatriotas, la modernización de este país debemos asumirla como una responsabilidad conjunta.

No podemos seguir mirando el pasado porque no vemos el obstáculo que está adelante. No podemos seguir en la noria de los mismos y repetidos problemas sin solución. No podemos acudir al manual preferencial de que nuestras razones son siempre mejores que las de los demás. Tiene que haber un “hilo conductor”, aunque sea imperceptible pero esencial y fuerte, que permita dar sentido a una sociedad política, que haga de la función de gobierno un impulso sistémico con orientación, sentido y continuidad.

Uruguay será viable si tenemos capacidad de unirnos, aún en la diferencia, en la diversidad. El diferencial del sistema político uruguayo debe estar en construir lazos para enfrentar adversarios comunes.

El mejor ejemplo de que podemos hacerlo, es el diferendo con la República Argentina. En torno a este tema los partidos y la sociedad tuvieron –y tienen- la capacidad, la madurez y el sentido patriótico de unirse atrás de una causa común. Los puentes bloqueados unieron a los uruguayos.

Pues bien compatriotas, tanto o más daño nos hacen otros problemas que el País no ha podido resolver. Año tras año al inicio de clases vemos las mismas imágenes de escuelas deterioradas, de educadores que reclaman por mejores condiciones salariales, todos los días vemos imágenes de violencia, en la calle, en la familia, en cada esquina vemos niños en situación de desamparo, uruguayos sin salida ante la droga… ¿Quién no conoce a alguien que haya emigrado en los últimos años? Discutimos pero no acordamos acerca de la inserción internacional del país, en cómo mejorar la competitividad de nuestros sectores exportadores, nos embarcamos en reformar el sistema de salud, el sistema tributario, eventualmente el educativo sin escuchar a la otra mitad. Y honestamente la idea no es ubicarnos del lado de las víctimas, del lado de los que no son escuchados en sus reclamos, en lo más mínimo. Lo que estamos es graficando una realidad negativa, que tal vez en el pasado haya sido la misma con actores invertidos… los errores del pasado no sirven para legitimar las conductas del presente. Ni para seguir repitiendo este fenómeno.-

Y así no va más. No generamos el gran desafío: el cambio mental, para no discutir el pasado sino construir el futuro.

Miremos el porvenir, encontremos los “puentes”, entre comillas, los “puentes” que nos unan detrás de causas comunes.

Porque vamos a entendernos, y aunque suene duro decirlo es la verdad, la sociedad y geografía uruguayas están llenas de “puentes”, con piquetes en sus cabeceras mucho más fuertes e impenetrables que los del litoral. La gran diferencia con éstos últimos es que los “puentes” de entre casa nos dividen a nosotros, a los uruguayos: ricos y pobres, montevideanos de la costa y del norte de Avenida Italia, de Montevideo y del Interior, a los que les va bien y a los que les va mal, los que pagan y los que reciben, trabajadores y empresarios, políticos y sociedad. Siempre dividiendo, separando, excluyendo. No debe ser así. Tenemos que superar los corralitos ideológicos que nos impiden avanzar, superar la falta de motivación

de nuestra gente ante los mismos problemas sin resolver, guardados en un cajón a la espera de algo que nunca llega. Y buena parte de esa desmotivación la promovemos los políticos con nuestras visiones exclusivistas y excluyentes. Somos corresponsables, no somos ajenos a la realidad en la que vivimos.

Por eso tenemos que poner a prueba nuestra capacidad de unir.

El gran desafío es construir un País moderno, con igualdad de oportunidades, sin excluidos, con justicia social. Esto nos obliga a ser humildes, no podemos hacer que la gente venga a los políticos sino que los políticos debemos estar junto a la gente, junto a la sociedad. La soberbia muchas veces nos enceguece, no nos deja ver la realidad, nos resta sentido común, nos resta capacidad de escuchar y por tanto de resolver; y nos impide estar a la altura de la demanda ética que debemos satisfacer.

Con la Fundación queremos crear un espacio que articule el liderazgo político con el saber técnico para cumplir con esa demanda.

La política es un hecho humano, y como ya decía Alberdi en 1837 “el hecho humano refleja eternamente los colores diferentes de los siglos y climas que transita: vive constantemente subordinado a una serie sin término de traducciones efímeras, de expresiones inestables. De aquí en el hecho humano la doble ley de su inmovilidad íntima, filosófica, y su movilidad visible, positiva”. Este último aspecto, material, instrumental es lo que nos hace dependientes de lo técnico. Y esa dependencia es positiva, es el limitante de la demagogia y la preventivo de la improvisación.

Como verán, hoy aquí estamos rodeados de profesionales, de especialistas, de mujeres y hombres dispuestos a trabajar por el Uruguay del futuro. Porque se sienten, como nos sentimos nosotros codeudores, corresponsables del futuro. Obligados para con nuestro País y para con nuestros compatriotas.

Pero el sistema político por sí solo no es suficiente. Los necesitamos a todos. Para que cada uno de lo mejor de sí, para que desde su posición cada uno contribuya con sus ideas. Por ello estos compañeros que hoy nos acompañan serán a partir de ahora moderadores activos de mesas de trabajo a las que invitaremos a actores políticos, empresariales, sindicales y sociales sin preconceptos. Para analizar los problemas, para encontrarles solución, para delinear políticas públicas viables.

Gobernar no es solamente dirigir o gerenciar el estado. Es articular con la sociedad civil y facilitar el desarrollo humano sustentable. La gobernanza moderna se explica por una conciencia creciente de que los gobiernos no son los únicos actores que enfrentan las grandes cuestiones sociales. Estas son un desafío también para las organizaciones de la sociedad civil y las empresas para enfrentar eficazmente esas grandes cuestiones, además de los modos tradicionales de gobernación, burocracia y gerencia “debemos contar con nuevos modos de gobernanza”.

El catalán Joan Prats afirma que se ha roto “el dogma del monopolio estatal de los intereses generales”. En este cambio de concepción en la relación entre Estado y Sociedad “se reconoce su interdependencia y la necesidad de la cooperación para la definición y realización de los intereses generales”.

A nuestro juicio quienes se sientan exclusivamente acreedores de nuestra patria se equivocan, aquellos que miran exclusivamente el pasado se van a chocar de nuevo con los problemas del presente, aquellos que buscan las culpas exclusivamente en los demás no contribuyen…

¨Decía Washington Beltrán: “el poder genera responsabilidad”. Los políticos tenemos pocos derechos y muchas obligaciones, los ciudadanos tienen derechos y obligaciones, los empresarios y los trabajadores tienen derechos y obligaciones, la sociedad en definitiva tiene derechos y obligaciones. Los únicos que son acreedores de derechos deben ser los niños, para lo cuál tenemos que construir una sociedad mejor.

Por eso nos dedicamos a la actividad política, y por eso queremos sublevarnos contra los muchos “puentes” bloqueados que tenemos en el Uruguay. Por eso los convocamos y para eso los necesitamos, para trabajar por un Uruguay moderno y de oportunidades, para motivar a nuestra gente, para construir a partir de la tolerancia y diversidad de pensamiento.

Queremos hacer de esta Fundación un instrumento adecuado al servicio del País. Sus autoridades, con el Dr. Delpiazzo a la cabeza, se relacionará al interior del sistema político habilitando instancias para vincular política y sociedad civil, los políticos y los ciudadanos, reunir el pensar de trabajadores, empresarios, profesionales en el país y en el exterior. Será un instrumento que reúna a la gente que hace de este territorio una Nación. La Fundación como mecanismo para proponer y acordar, como “hilo conductor” que nos dé continuidad, que nos dé horizonte de sentido.

En el año 2025 se cumplirá el bicentenario de nuestra independencia… esperemos que este instrumento que se llama Fundación para la Democracia Wilson Ferreira Aldunate contribuya para que en ese 2025 podamos decir que el nuestro, Uruguay, es un país en el que definitivamente vale la pena quedarse.

Compatriotas, el tiempo y las oportunidades perdidas no se recuperan. Hagámonos juntos cargo de nuestro futuro como Nación, para que de esa forma el futuro de cada uruguayo pueda estar en sus propias manos.

CARTA DE WILSON DESDE LONDRES

Hay una cosa sobre la cual yo vengo insistiendo hace no menos de 20 años; ustedes me lo habrán oído decir, por lo menos algunos de ustedes, no los que eran demasiado jóvenes cuando yo tuve que abandonar mi país, pero la mayor parte de ustedes me lo deben haber oído repetidas veces y me importa volvérselo a decir una vez más. El Uruguay es y solamente es una comunidad espiritual. Hay otros países que pueden ser definidos por otros factores, o de raza, o de geografía, o de lengua, o de riqueza; nosotros no. Los Andes hacen a Chile, los indios hacen a Bolivia, el idioma portugués hacen al Brasil, el mero tamaño o su riqueza basta para asegurar la continuidad histórica de otros. Pero el Uruguay es geográficamente el más pequeño de todos los países de América del Sur y puede ser definido exclusivamente como una comunidad espiritual.

Hay una serie de cosas esenciales que definen la República y que la definen bien (pocos países son más países que el nuestro), pero que resultan indispensables para la persistencia de esa noción de nacionalidad: la voluntad soberana del pueblo como única fuente legítima de poder, la afirmación de la libertad individual, la existencia y vigencia de garantías para la defensa de esa libertad, el deber del Estado de regular las relaciones entre los individuos y la de los individuos con la comunidad, con el objeto de asegurar la justicia tanto económica como social. Bueno, podría decir simplemente la justicia, porque con eso bastaría, o más sencillamente aún, bastaría decir asegurar la libertad.

Wilson Ferreira, Londres 1980.


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CONTACTO
Fundación para la Democracia Wilson Ferreira Aldunate
www.fundacionwilsonferreira.org
secretaria@fundacionwilsonferreira.org
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